En la anterior entrada colgué un cuento infantil muy cortito que estaba junto a otros, en un libro para niños que empiezan a leer, aunque conocía a la autora…este cuento no -motivo por el que cometí el error de pensar que era un microcuento, además de encajar muy bien como tal-. Pues no, no lo es. Ante mi sorpresa y ninguna aclaración en el libro (además de una errata en el apellido de la autora) es un fragmento de un cuento mucho más extenso del que ya no sé y desconfío si el título que aparece en el libro será el real… para subsanar el error os cuelgo el cuento completo. Un cuento precioso, pero que ya os digo de antemano lleva su tiempo leerlo, por lo que es mucho más recomendable copiarlo en un word e imprimirlo para disfrutar de su lectura. Disculpad el error.
El niño se metió en la cama, se tapó con las mantas hasta la nariz, sacó una mano, alargó un poco el brazo –sólo un poco porque hacía mucho frío-, y apagó la luz. Metió la otra mano debajo de la almohada, se dio media vuelta sonriendo -¡qué bien se está en la cama!-, y cerró los ojos. Al poco rato se acordó:
“El despertador. No he dado cuerda al despertador.”
Estiró un poco los pies y luego los encogió, haciéndose un ovillo. Cruzó el brazo de encima por debajo de la barbilla y metió también esa mano bajo la almohada, junto a la otra.
“El despertador –pensaba-. No le he dado cuerda. Tengo que darle.”
Pero cerró más fuerte los ojos y hundió más la cabeza en la almohada. ¡Qué bien! ¡Qué caliente!
“El despertador –decía su pensamiento-. Mañana hay que levantarse temprano. Hay que darle cuerda. Pero para eso hay que volverse, sacar una mano, alargar el brazo, encender la luz, coger el reloj, sacar la otra mano, sujetarlo y dar vueltas a su llavecita. ¡Uf! ¡Qué rabia! ¡Qué frío!”
Y sin esperar más, el niño hizo todo eso que había pensado. Después volvió a ponerse como ante, bien tapado, casi hasta los ojos.
“Ahora sí que se está bien. Mucho mejor que antes.”
Con los ojos cerrados, escuchaba los pequeños ruidos de la casa. Crujía un armario, el despertador hacía tic-tac, tic-tac; de vez en cuando se movía la ventana, chisporroteaban las maderas en la chimenea y las llamas, pequeñitas, saltaban. Poco a poco se fueron haciendo cada vez más débiles los ruidos, hasta que el niño ya no oyó nada.
El Silencio, que estaba durmiendo al lado de la chimenea, echado en el suelo, se levantó, desperezándose. Comenzó a andar por la habitación, mirándolo todo.
-Cállate –le dijo al armario-, No crujas tanto.
Y el armario se quedó quieto y no se le volvió a oír.
El Silencio siguió dando vueltas.
-Más despacio, vosotras –les dijo a las Llamas, que hacían chisporrotear las maderas-. El niño tiene que dormir.
Y las Llamas se hicieron todavía más pequeñas y se acurrucaron debajo de los leños.
-Estate quieta –le susurró a la ventana-. No te muevas más.
-Yo no tengo la culpa –contestó ella-. Es el Viento, que me hace cosquillas.
-Pues no le hagas caso. Ponte firme y no te rías, y te dejará.
El Silencio anduvo un poco más.
-¡Ssss…! –les hacía a todos, llevándose un dedo a los labios y señalando al niño.
Sus pasos eran suaves y sus movimientos se parecían a los movimientos de las nubes. En cuanto a su voz, por mucho que os hubierais esforzado, os habría sido imposible oírla. Se sentó, por fin, en una silla, y en el momento de arrastrarla y de acomodarse en ella tampoco se oyó nada.
El Ruido se echó al lado de la chimenea para descansar. El Silencio y el Ruido eran primos. No es que estuviesen enfadados, pero pocas veces se hablaban.
- Me haces daño cuando hablas. ¡Qué estrépito organizas! –se quejaba el Silencio.
- Y yo a ti no te entiendo nada. Parece como si no tuvieras voz –solía contestarle el Ruido.
El niño se revolvió en la cama y acabó por ponerse de cara a la pared. El Silencio miró al reloj y luego a la puerta, como si esperase a alguien. Después se levantó, se acercó al armario, se agachó y dijo:
-Vamos, dormilonas. Salid de ahí-
Nadie le contestó, y el silencio metió una mano debajo del armario y empezó a tirar de algo.
-¡Salid! Tenéis que trabajar.
La Calma y la Paz asomaron las cabezas.
-¿No podríamos dormir un poco más? –preguntaron con voz soñolienta.
-No –contestó severamente el Silencio, que era su hermano.
-Está bien –dijo la Paz. Y salió.
Anduvo unos pasos por la habitación y luego fue a la cabecera del niño. Éste, con los ojos cerrados, sonrió un poco, aunque no sabía nada.
El Silencio oyó unos débiles ronquidos debajo del armario. La Calma se había vuelto a dormir, con la cabeza fuera.
-Ven –dijo el Silencio a la Paz -. Vamos a despertar a ésta.
Entre los dos la agarraron y la pusieron en pie. La Calma se restregó los ojos y luego empezó su trabajo. Tocaba todas las cosas de la habitación y todo se volvía aún más tranquilo, más dulce bajo su mano suave. Por fin se acercó también al niño y sopló lentamente sobre la cama. El niño se movió un poco y sonrió de nuevo, aunque, desde luego, no sabía nada de lo que ocurría.
El Silencio miró otra vez el reloj.
-Ya se está retrasando el Sueño –dijo-. Siempre llega tarde.
-Si, menos cuando viene el primero, como la otra noche, que el niño se quedó dormido antes de que nosotros empezáramos a trabajar –dijo la Calma.
En ese momento se abrió la puerta –no se oía nada porque para eso estaba allí el Silencio- y entró el Sueño.
-Hola –dijo.
-Buenas noches –le contestaron la Paz, la Calma y el Silencio. Podrías haber venido un poco antes. Te estábamos esperando.
-Bueno, es que… -comenzó a decir el Sueño.
-No empieces ahora con tus explicaciones. Nos haces dormir a todos con ellas.
El Sueño rió entre dientes, se fue al lado del niño y le tocó suavemente los párpados. Y entonces el niño se quedó dormido del todo.
Poco a poco fueron llegando los Ensueños, deslizándose por debajo de la puerta. Eran de todos los colores y de todas las formas: rojos, amarillos, azules, verdes, anaranjados, violáceos; redondos, cuadrados, como una bola, como un huevo; el más pequeño era casi transparente y no tenía una forma clara. Todos se iban al lado del niño, callados y ligeros. Pasó así una hora sin que nada cambiase ni se moviese. El niño dormía tranquilamente.
De pronto la ventana comenzó a sacudirse, aunque no se oía nada.
-¿Qué pasa? –preguntó el Silencio.
-Es el Viento otra vez.
El Viento había empezado a aullar fuera y a darse golpes contra los cristales.
-¡Calla! –le dijo el Silencio desde dentro, levantando un poco la cortina-. El niño está durmiendo.
-¡Quiero entrar! –rugía el Viento-. ¡Dejadme entraaarr!
-No puede ser –le contestó el Silencio-. Despertarías al niño.
-¿Y por qué estás ahí túuuuu….?
-Para velar su sueño…
-¡Dejadme entrar allíiii!
-Escucha – le contestó el Silencio-. El niño debe dormir. Tiene mucho sueño. ¿Quieres verlo?
-Síii…. –aulló el Viento.
El Silencio levantó un poco más la cortina y el Viento se pegó a la ventana. Desde fuera podía ver al niño en la cama, durmiendo placidamente. El Viento lo miró y sonrió.
-¿Qué? –preguntó el Silencio-. ¿Aún quieres despertarle?
-No –gruñó el Viento. Me quedaré aquí para alejar a los que metan ruido.
¡-Sss…! –dijo la Calma-. No digas esa palabra porque podría oirte nuestro primo y despertarse.
-¿Vuestro primo? ¿Quién es vuestro primo?
-El Ruido –susurró la Paz.
El Viento se quedó acurrucado al pie de la ventana. Se entretenía en soplar despacito y hacer saltar y dar volteretas, como si bailasen, a las hojas caídas de los árboles.
-¡Uf! –suspiró el Silencio-. Ya hemos terminado con él. Ahora no aullará.
Pero en cuanto dijo eso, sintió una ráfaga de frío helada en la espalda y se estremeció.
-¿Qué ocurre? –preguntó, volviéndose.
Allí estaba el Frío, con su enorme bufanda arrollada al cuello y frotándose las manos. El Silencio dio un salto hasta la chimenea, cogió el atizador y empezó a remover los leños.
-¡Eh! –dijo a las Llamas-. ¡Vamos, rápido, calentad todo lo que podáis, pero sin chisporrotear mucho!
Las Llamas salieron de debajo de las maderas, donde se habían metido antes, y comenzaron a arder. El Silencio se colocó delante de la chimenea para que ni un solo ruido se escapase de allí.
-Bueno –le dijo, enfadado, al Frío-. ¿Cómo has entrado aquí?
-Por debajo de la puerta.
-Pues debajo de la puerta te vas a ir ahora mismo.
-No pienso hacerlo .contestó el Frío. Y fue a sentarse en una silla.
-No comprendo cómo te gusta estar metido aquí –le dijo la Paz.
-Me aburro mucho fuera. No tengo nada que hacer.
-Oye –le dijo la Calma- ¿Por qué no te vas a la montaña? Allí podrías divertirte bastante.
-Estoy cansado de estar siempre en la montaña. Ahora voy a dormir un poco.
-Sí, eso es, duérmete un poco –le contestó el Silencio, y les hizo un guiño a sus hermanas.
Cuando el Frío estuvo dormido, el Silencio les dijo a las Llamas que siguieran calentando, pero sin hacer ruido, y se acercó a la Calma y a la Paz.
-Vamos a agarrarlo entre los tres y echarlo fuera.
Pero no llegaron a hacerlo porque un relámpago brilló y un trueno hizo temblar las ventanas con su gran estrépito.
-¡El Relámpago! ¡El Trueno! –empezó a gritar fuera el Viento.
-No grites –le dijo el Silencio acercándose a los cristales.
El Viento se quedó tranquilo. El Relámpago se asomó de nuevo, y otra vez vino el Trueno. El Silencio, la Paz y la Calma se miraron.
-Va a despertarse el niño –dijeron.
El Sueño sopló suavemente sobre la cama.
-Haré que duerma más profundamente todavía, pero si estos siguen armando ese jaleo no podré impedir que se despierte.
-Vamos, métete tú –le dijeron los Ensueños al Ensueño Azul, que era el más interesante aquella noche.
-¿No podríais ir a jugar a otra parte? –preguntó el Silencio, dirigiéndose al Relámpago y al Trueno.
-No tenemos la culpa –le contestaron-. La Lluvia nos viene persiguiendo. Está corriendo detrás de nosotros desde esta mañana y ahora hemos llegado aquí.
-¿Por qué no os vais algo más lejos?
-Estamos muy cansados. Hemos corrido todo el día y ahora queremos descansar un poco.
El Viento empezó a explicarles que el niño dormía, que era un niño muy bueno y que sonreía muy dulcemente.
-Bueno –dijo el Relámpago-, me alejaré de aquí un poco.
-Poco, oco, oco, ¡brroommm…! –hizo el Trueno enseguida. Y se marcharon.
-¡Por fin! –exclamó el Silencio-. Me he cansado mucho. He hecho un gran esfuerzo para que no se oyera el ruido de esos.
-Y yo –dijo el Sueño-; he soplado continuamente para que el niño no se despierte.
-Y nosotras –dijeron la Calma y la Paz.
Pero no habían terminado de decir eso cuando se oyó el rugido del Viento.
-¿Qué pasa ahora? –preguntó, furioso, el Silencio, asomándose a la ventana.
Pero en seguida lo vio. Había llegado la Lluvia y quería repiquetear en todas partes. El Viento soplaba con fuerza para alejarla, pero ella no se iba.
-¿Qué hacemos ahora? –se preguntaron los de dentro.
El Frío seguía durmiendo en la silla y las Llamas trabajaban a toda marcha para mantener el calor.
-¡Qué noche tan agitada! –decían crujiendo y echando chispas.
El Viento soplaba todo lo que podía, pero, poco a poco, la Lluvia iba venciéndolo y llegando hasta la ventana. Enseguida vino el Granizo y contra él sí que no podía nada el Viento. El Granizo comenzó a caer en el alfeizar y en el tejado de la casa y se estrellaba contra los cristales, riendo.
-¡Qué divertido! –gritaba. Y empezó a cantar:
Como caigo y reboto,
Cómo salto y me rompo.
El Silencio se colocó delante de la ventana y extendió los brazos para que no entrase dentro ni un solo ruido.
-¡Vete! Le decía el Viento a la Lluvia-. ¡Vete y llévate al Granizo contigo! No he visto gente más estrepitosa que vosotros. Otras veces vienes sola y no repiqueteas tanto. ¿Qué os pasa hoy?
Pero la Lluvia no le hacía caso y seguía cayendo y el Granizo cantando su canción:
Cómo caigo y reboto,
Cómo salto y me rompo,
Y en todo el ancho mundo
Nada hay más divertido
Que el Granizo vagabundo.
-Ni más pesado ni más latoso que Granizo, el latoso –le remedó el Viento.
-¿es que tú no aúllas y soplas y metes ruido? –le preguntó la Lluvia.
-Yo estaba callado y sólo movía las hojas de los árboles hasta que vinisteis vosotros.
-Debes de estar enfermo hoy para estar tan quieto –chilló el Granizo.
-No estoy enfermo –dijo el Viento, enfadado-. Lo que ocurre es que allí, dentro de esa casa, hay un niño durmiendo, un niño muy bueno, que tiene mucho sueño y mañana tiene que levantarse temprano. Y no quiero despertarle. Y lo que pasa es que vosotros sois una gente sin educación.
-¡Tonterías! –Gritaron la Lluvia y el Granizo y comenzaron con más fuerza su bailoteo.
El Silencio, que lo había oído todo, estaba muy malhumorado.
-Acabarán por despertarle –dijo.
Pero, de pronto, se le ocurrió una idea.
-Oye –le dijo a la Calma-, despierta al Frío.
La Calma se acercó a la silla donde dormía el Frío y empezó a sacudirle y darle tirones, tiritando de frío y castañeándole los dientes.
-¿Qué pasa? –dijo el Frío, despertándose-. ¿No se puede dormir tranquilo?
-¡Ssss…! –le dijo el Silencio-. Ven, acércate.
El Frío se levantó y fue hasta la ventana. Los cristales se cubrieron enseguida de hielo.
-Escucha –Le dijo el Silencio-. ¿Ves quién está fuera?
-¡Sí, ese par de ruidosos, la Lluvia y el Granizo. ¡Buena pareja hacen! Cuando se juntan no hay quien los aguante.
-¿No querías divertirte? ¿No estabas muy aburrido?
-Sí –dijo el Frío-, Muy, muy aburrido.
-Pues ahí tienes la diversión. Sal fuera y enfría a la Lluvia y conviértela en nieve.
-¡Oh! –exclamó el Frío-. ¿Eso sí que me gusta! Gracias por haberme avisado.
Y salió rápidamente por debajo de la puerta. Enseguida hizo calor en la habitación.
-Ahora veréis –dijo la Calma, riendo.
A los pocos momentos, el Frío estaba fuera y corría persiguiendo a las gotas de Lluvia. Soplaba sobre ellas, tocaba a todas las que alcanzaba y las gotas se convertían en grandes copos de nieve blanca y reluciente, que caían en la tierra o en el tejado o en el alfeizar de la ventana suavemente, sin ningún ruido. Lo mismo le ocurría al Granizo. El Frío estaba divirtiéndose como nunca. Subía en el aire y soplaba hacia abajo, y todas las gotas se volvían nieve blanda y silenciosa.
-¡Qué bonito! –decían la Lluvia y el Granizo con una voz suave y dulce que en nada se parecía al estrépito de antes-. ¡Oh, qué bonito! ¡Qué blancos y ligeros y blandos nos hemos vuelto! ¡Sopla más fuerte, Frío!
El Frío soplaba y corría detrás de ellos, riendo. El Viento se había sentado otra vez al pie de la ventana y miraba encantado lo que pasaba. Al poco tiempo, todo estaba cubierto de una capa blanca y resplandeciente que engordaba continuamente. Las aceras eran blancas y las calles y las casas y los jardines.
-¡Cómo va a alegrarse el niño cuando lo vea! –pensaban todos.
Pasó un poco de tiempo y, de pronto, comenzó a sonar el despertador.
El Silencio se sobresaltó, asustado.
-¡Cállate! Va a despertarse el niño –le dijeron.
-Para eso sueno –contestó el reloj sonando.
-Cállate y déjale dormir un poco más.
-¡No quierrrrooo! –decía el despertador.
Entonces el niño abrió los ojos y se sentó en la cama. El Silencio, la Paz, la Calma, todos enmudecieron, menos el despertador, que no se apagó hast que el niño apretó su botón.
Comenzó a desperezarse el Ruido. Empezaron a crujir el armario, a chisporrotear las maderas de la chimenea, a moverse la ventana. El niño se levantó de la cama y se acercó a ella.
-¡Oh, genial! –dijo- ¡Está nevando! ¡Qué bonito, cómo nieva y que copos tan grandes! ¡Y qué bien he dormido!
El Silencio, la Calma y la Paz sonrieron.
-A dormir -dijeron-. Hemos tenido una noche terrible.



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Información Bitacoras.com…
Si lo deseas, puedes hacer click para valorar este post en Bitacoras.com. Gracias….
Me ratifico en lo que escribi, y espero el tuyo…
FranciscoÚltimo post en el Blog de…Desafecciones
¿El mio? No comprendo…
Un abrazo
Tu microrrelato…
ah!! jajjaja haré una trampilla…te dejo el link a un microcuento que colgué hace bastante tiempo y que si no me equivoco que no llegaste a leer. (Es que me he prometido a mí misma que hasta que no acabe lo que tengo entre manos- que ya de por sí no es poco….- no empezar nada nuevo)
http://www.muchachadesal.com/bollu-de-pascua/
Otro abrazo para ti
Fátima tienes razon, tenia toda la ternura del mundo como microcuento, voy a seguir tu consejo para leerlo.
Un beso.
TrianaÚltimo post en el Blog de…Vladimir Mayakovsky. Georgia -1893- Moscú -1930
Triana, creo que te gustará. Es un cuento muy creativo. Y desde luego, cuando ya hay una cierta extensión…nada mejor que el formato de papel para leer ; ), al menos para mí.
Besos
Completamente de acuerdo, soy incapaz de leer textos largos en el monitor, no me centro en la lectura.
Un beso.
TrianaÚltimo post en el Blog de…La Pedrera o Casa Milá. Gaudí y el modernismo catalán.
Encantado de conocer este lugar y de haberte enlazado-
Saludos
Gracias Francisco,
Un saludo
Querida Fátima me gustaría tenerte como invitada en Inventario con uno o varios microrelatos ¿qué opinas? ¿te animas a participar?
Miuy bonito el cuento infantíl, me encantó.
Abrazo,
Lauren MendinuetaÚltimo post en el Blog de…El verano prisionero
Lauren, será todo un honor ; ).
Un abrazo
Una experiencia muy recomendable y ojala se extienda.
Pues sí Francisco ; )
Un abrazo
Hiya, i have come across your blog a few times when doing research. I own a similar one and i was just wondering if you get a ton of spam? If so how do you control it, is there any plugin or something you can suggest? I get so much it’s driving me insane. I’m so frustrated by it i had to turn my comments off which i don’t want to do because i love peoples input. Also do you get strange jibberish URL’s in the spam that don’t even work or the domains are not even registered? Seems pointless (and odd) and i can’t work out why they do it. Thanks
Hola Ronald, te dejo el comentario que ya te hice en otra entrada.
El diseño de mi página fue hecho exclusivo para mí, pero en la página de la diseñadora http://www.xanarts.com/ puedes encontrar diseños gratuitos para descargar o bien ponerte en contacto con ella si quieres un diseño exclusivo. Espero haberte ayudado. Thanks you.