Metidos en plena crisis económica y con un dato tan negativo como es la subida del IPC anualizado hasta alcanzar los 5,1 puntos, cifra que no se alcanzaba desde el año 1997, deberían sorprendernos las declaraciones del Gobernador del Banco de España, quien parece haber afirmado que esto ya se veía venir pero que no era el momento de sacarlo a la luz para no mediar en el proceso electoral que se estaba debatiendo. Este hecho es de una gravedad preocupante, por cuanto supone hurtar información a los electores por parte de un organismo que debería estar al servicio del Estado.
Con todo esto, la postura del Gobierno negando la existencia de cualquier tipo de crisis, me recuerda la situación de aquel boxeador que siendo sometido a una brutal paliza por su rival, logró llegar casi salvado por la campana a alcanzar el descanso del asalto.
Su preparador, con la intención de subirle la moral y a pesar de lo maltrecho que lo veía, le animó con estas palabras: ¡Lo estás haciendo perfectamente! ¡Es que no te está dando ni un golpe¡. A lo que el pobre púgil le contestó: “Pues entonces vigílame al árbitro porque a mí alguien me está machacando”.
La postura del gobierno intentando silenciar la crisis, no ha hecho más que negar la evidencia y llevar a los ciudadanos a hacerse la misma pregunta que el maltrecho púgil:
si no hay crisis, ¿a quién tengo yo que vigilar?, porque a mí me las están dando por todos los lados.
Es un hecho que en todas las encuestas y estadísticas, las familias que antes contaban con un poder adquisitivo razonablemente llevadero, ahora se encuentran al borde de entrar en la más estricta economía de supervivencia, y no digamos nada de las familias de más bajo poder adquisitivo, a las que la subida de los alimentos básicos, la hipoteca, el vestido, el transporte, el fantasma del paro, y en general todo aquello que es fundamental para un mínimo desenvolvimiento económico en el seno de la familia, hacen que tengan que hacer encaje de bolillos para llegar a fin de mes y que el sueño no sea todo lo reparador que debiera.
Pero la realidad es muy tozuda y antes o después, casi siempre, acaba por imponerse; y por el bien de todos esperemos que el tiempo perdido no sea motivo de un pago excesivo para la salida de lo que ya es una crisis declarada.
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Sánchez Dragó dijo cierto día en su programa, aunque no recuerdo si dando la titularidad de las palabras a tal o cual celebridad, que el ser humano en asuntos de política primero es comunista, luego socialista y finalmente conservador; todo ello, claro está, siguiendo el mismo “tempo” con que va adquiriendo o amarrándose a propiedades. Y siguiendo ese postulado, puedo decir que yo nunca he sido comunista, que mi socialismo cuestión de herencia y que mi parte conservadora se debe no al cúmulo de propiedades sino a las consecuencias de esa edad en la cual uno ya no ve tan bien ciertas cosas o actitudes de la nueva generación, por todo ello, puedo afirmar que mi voto no rubrica cabezonamente determinada sigla. Dicho esto, pasemos ahora a la tan comentada crisis. Fátima, te has expresado bien en el artículo: dicen que no pero resulta que sí. Ahora bien, ¿a qué denominamos crisis?. En primer lugar, quiero dejar claro que no voy a referirme a los pensionistas ni a aquellos otros que con permiso de tal o cual ley trabaja poco menos que explotado -mileuristas, periodos de pueba, prácticas de módulos o fin de carrera…-, pues tanto los unos como los otros son sectores que, salvo las ya conocidas excepciones, ya de por sí siempre han subsistido apretándose el cinturón. ¿A qué denominamos crisis, pues? No sé, porque lo cierto es que si escuchas las noticias de televisión y lees las encuestas de los periódicos vivir el día a día se hace cada vez más difícil, pero si sales a la calle la imágen de la crisis es muy diferente, es más, podría decirse incluso que ésta no existe. Y es que cierto es que de día en día los precios suben y que el sueldo cada vez da para menos, pero también es cierto que las mesas de las terrazas siguen estando a rebosar de gente, que las mamás o abuelas igualmente acuden a recibir el autobús escolar, que los niños y los jóvenes continúan vistiendo marcas, exhibiendo tecnología de última moda y merendando “chuches con refresco o en la amburguesería”,… Así pues, ¿dónde está la crisis? ¿En el impago de la hipoteca? ¿En ése préstamo que nos permitirá ir de vacaciones? ¿En el tomate de los calcetines y la ropa interior comprada a un euro en la plaza? O peor aun, ¿estará en los estómagos? ¡Ay, si los estómagos tuvieran cristal…! que diría mi abuela. En fin, Fátima, que se diga antes o después, que esto de ahora sea crisis y no receso, que quien lo dice sea rojo o azul, no importa demasiado, lo que sí importa es que la gente ha perdido la capacidad de adaptarse a cada momento con la sola convicción de que es mejor aparentar ser que ser lo que uno es realmente -y aquí no me refiero sólo al plano económico-.
Y perdona, sí he leído tu e-mai y de momento no estoy pensando en presentarme a ningún concurso, ya que no tengo ni idea de cuán largos llegarán a ser los cuentos infantiles; quizá pequeñas novelas, por lo mucho que acontece. Gracias
Hola Ana, mientras leía tu comentario he recordado el caso de una familia (hace ya muchos años) en el que los veías de tapas, cenas…aparentando un buen poder adquisitivo cuando en la realidad en casa pasaban hambre los crios y ellos.
No creo que sea el caso, pero que hay muchas familias que viven por encima de sus posibilidades sí lo es. Y que con sueldos bajos (que los hay) ya me dirás como hacen para comer, antes es lo que tú decías; apretándose el cinturón. Pero tal como está subiendo todo…ponte tú en esa situación y dime si hay o no crisis.
No critico si quien lo dice sea rojo o azul, eso me trae sin cuidado. Lo importante es que se niegue la evidencia y quien debe decirlo apolíticamente no lo diga tomando partido por uno u otro. Eso es lo que me parece mal.
Un abrazo