ALGUIEN CAE EN SU PRIMERA CAÍDA

Palabra por palabra
tuve que aprender
las imágenes
del último otro lado

esta noche he visto
pero no.

nadie es del color
del deseo más profundo.

me heempavorecido, me he engrisado,
me he atardecido,
mi lengua no sabe.

lloro, miro el mar y lloro.
canto algo, muy poco.

hay un mar, hay la luz.
hay sombras. hay un rostro.

un rostro con rastros de paraíso perdido.

he buscado.

sino que he buscado,
sino que agonizo.

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LA JAULA

Afuera hay un sol.
No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.

Yo no sé del sol
Yo sé de la melodía del ángel
y del sermón caliente
del último viento.
Sé gritar hasta el alba
cuando la muerte se posa desnuda
en mi sombra.

Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche
y barcos sedientos de la realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarecer a mis sueños enfermos.

Afuera hay un sol.
Yo me visto de cenizas.

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Sin tierra común
Alguna vez sabrás por qué hablas menos de lo que dices. Alguna vez conocerás lo que ya habías dicho dijiste. Sólo tú puedes hablar del hablar porque es tu emblema, tu flagelo.
Aún ahora, también ahora, sílabas hostiles disuenan tu cuerpo. Pero tú sabes que un día se libertarán, irrumpirán, y nunca dirás las palbras de todos, aquellas que no aceptan servirte porque a ti no te sirve.

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PEQUEÑOS POEMAS EN PROSA

Se cerró el sol, se cerró el sentido del sol, se iluminó el sentido de cerrarse.

Llega un día en que la poesía se hace sin lenguaje, día en que se convocan los grandes y pequeños deseos diseminados en los versos,
reunidos de súbito en dos ojos, los mismos que tanto alababa en la frenética ausencia de la página en blanco.

Enamorada de las palabras que crean noches pequeñas en lo increado del día y su vacío feroz.

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Anillos de ceniza

A Cristina Campo

Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición de sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.

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