Es una de las voces más representativas de la generación del sesenta y aunque su voz destaca en la poesÃa me ha parecido interesante colgaros aquà”Un cuento memorable”, que como comprobaréis mantiene el peculiar surrealismo que la caracteriza y la hace única e inimitable.
Un cuento memorable
-Esa de negro que sonrÃe desde la pequeña ventana del tranvÃa se asemeja a Mme. Lamort -dijo.
-No es posible, pues en ParÃs no hay tranvÃas. Además, esa de negro del tranvÃa en nada se asemeja a Mme. Lamort. Todo lo contrario: es Mme. Lamort quien se asemeja a esa de negro. Resumiendo: no solo no hay tranvÃas en ParÃs sino que nunca en mi vida he visto a Mme. Lamort, ni siquiera en retrato.
-Usted coincide conmigo -dijo-, porque tampoco yo conozco a Mme. Lamort.
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-Pero si acaba de decir que no hay tranvÃas en ParÃs -dijo.
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Etiquetas: Cuentos


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Jajaja, no sé qué pensar, la verdad es que el cuento tiene guasa, sin duda una original forma de escribir. Gracias por compartirlo.
Es muy peculiar ¿verdad?, como los tÃpicos diálogos de besugos, como algunos guiones que hay en las pelÃculas de los hermanos Marx. Tiene su punto.
“- Estaba con esa mujer porque me recuerda a usted… sus ojos, su cara, su risa… todo me recuerda a usted… escepto usted.”
(Una Noche en la Ópera – 1935)
Un fuerte abrazo
SÃ, a mà también me ha recordado el humor absurdo de Tip y Coll.
HabrÃa que averiguar si el cuento pertenece a la etapa en que Alejandra Pizarnik estuvo en un psiquiátrico, porque vamos… tiene tela. Pero me ha gustado. Un abrazo.
Bueno, a ver si alguien que lo sepa nos lo dice. Lo que sé de ella no es mucho. Por cierto, me han recomendado un libro de la Editorial Lumen que es gordote con toda su poesÃa – voy a comprármelo- ya te contaré, fijo que está muy bien.
Un brazo con a
Muy interesante. Y no es tan diálogo de besugos como a simple lectura parece, lo mismo que sucedÃa con los de Tip y Coll y los h. Marx; pero ahora no puedo extenderme en mi particular comentario por falta de tiempo: entré un segundo por ver qué de nuevo habÃa. En otro momento.
Un saludo.
Ya, ya pero en forma sà que parece un dÃalogo de besugos. Está claro que A. Pizarnik todo lo que escribe tiene un gran transfondo.
Ya nos escribirás tu particular comentario, seguro que no nos deja indiferentes ; ) . Lo espero.
Un fuerte abrazo
¡Hola de nuevo!
Lo que sucede, y de ahà que dé la sensación de ser un diálogo de besugos, es la mayor parte de las veces leemos sin leer; es decir centramos la lectura en la mera comprensión o reconocimiento de las palabras a fin de dar sentido a la frase en la cual están inmersas y asÃ, frase a frase, llegamos a formar una idea del conjunto basándonos en esa primera definición de cada palabra. Eso es lo que aprendemos cuando se nos enseña a leer. Ahora bien, la escritura, y por tanto la lectura, pueden ser tan abstractas como los lienzos y éste en principio lo es.
Este texto de Alejandra Pizarnik carece de, llamémoslo, una narrativa escénica que permita ubicar dicho diálogo. Está falto, por decirlo asÃ, de tridimensionalidad: sólo son dos voces sin rostro ni espacio ni tiempo. De ahà que cada cual, a la hora de leer y según su penetrativa lógica, pueda deducir lo que quiera.
Veamos, pues, yo lo imagino de la siguiente manera: Una estación. Dos señoras, sentadas la una al lado de la otra y frente a ellas un quiosco de periódicos y revistas varias. Hace rato que esperan, motivo por el cual ambas ya tienen poco menos que tatuados en sus mentes cada asiento, cada maleta, esquina y rincón capaces de ser alcanzados con la vista. Y es, precisamente, ese obligado tedio el que anima a la una a entablar banal conversación con la otra. Aunque ésta no es tan banan como parece, pues de ella se puede extraer cuanto acabo de relatar. “Esa de negro que sonrÃe desde la pequeña ventana del tranvÃa se asemeja a Mme. Lamort”, dice, refiriéndose a un reportaje de los muchos que empapelan el frontal del quiosco. La otra en su contestación habla de Paris, por lo que puede deducirse que la que habló en primer lugar sea de fuera. También pronuncia la palabra “retrato”, lo cual nos da idea de que el referente de la conversación es una fotografÃa. A continuación, y eso es lo que más confunde, es que la que luego se presenta como Mme. Lamort afirma “no conocer” a Mme. Lamort, pero si uno lo piensa bien tal respuesta tiene su lógica porque ¿quién, realmente, puede aseverar que se conoce a sà mismo? Mil personas que te conocieran te describirÃan de modo y manera que todos ellos apenas si coincidirÃan en tres o cuatro aristas de tu personalidad: tantas personas conocoes, tantas “Ana o Puri o Lucia o Carmen…” distintas eres. “Su nombre no deja de recordarme algo”, este comentario no tan tonto como parece, ya que es muy usual que la memoria quiera, intente y no consiga sustraer de sà concreción alguna. Lo hará más tarde, sin duda, pero para entonces su importancia ya no será tanta. Quizá le recordara a la muerte. Y ya para terminar nos queda el asunto del tranvÃa. “No los habÃa cuando lo dije, pero nunca se sabe que va a pasar. Entonces esperémoslo puesto que lo estamos esperando”, aquà se puede entender de manera literal y ese caso, y después de tanta espera, el vehÃculo en cuestión bien podrÃa llegar transformado en tranvÃa, o puede entenderse como dicho en plan metaforico.
No obstante, y es por la que más me inclino, también cabe una segunda lectura del texto. En este caso, todo él serÃa una metáfora continuada en la cual La Muerte es protagonista: Mme. Lamort es francés y si separamos el apellido en dos partÃculas gramaticales obtenemos La Mort, que traducido resulta ser La Muerte. Entonces cabrÃa suponer que en el texto hay dos señoras Lamort, la de la foto y la que conversa. Y lo demás es fácil de conjeturar.
Bueno, Fátima, espero no haberte aburrido. Un buen acierto con la elección del texto.
Un abrazo.
Ana, ¡me has impresionado! desde luego un comentario muy acertado. SÃ, yo también creo que el texto trata de una conversación con la muerte, he de reconocer que no me habÃa percatado del detalle (ahora evidente) de La mort, ahà fue más por intuición y a sabiendas de que la autora suele tratar a menudo ese tema. Ha sido todo un placer leer tu comentario, por cierto muy bien explicado paso a paso. Buscaré más textos de A. Pizarnik que tengan miga, merece la pena.
Un fuerte abrazo
Esa es la grandeza de la literatura. Cualquier texto de cualquier autor es interpretado de diferentes maneras por diferentes lectores, seguramente ninguno de ellos coincida con la intención del escritor, pero todas las interpretaciones son válidas.
En un curso de novela negra hicimos un ejercicio de estas carácterÃsticas sobre el famoso cuento “Los asesinos”, de Ernest Hemingway. En la puesta en común sobre qué conclusiones sacábamos cada uno no habÃa ni una opinión igual y sin embargo todas tenÃan su lógica. Cuando al final le preguntamos al profe (conocido escritor de género negro) cuál era en realidad el espÃritu del cuento, el porqué, dijo que ni p… idea, seguramente ni Hemingway lo supo nunca, pero le salió una obra de arte.
Je, je, je pues a ver si alguien más nos da la interpretación del texto de A.Pizarnik.
No habÃa leÃdo el texto que comentabas, lo he buscado por internet. Dejo aquà el enlace por si alguien le apetece leerlo.
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/hemin/asesinos.htm
Un abrazo
Mariel, a ver si te animas y nos deleitas con algo tuyo aunque sea muy cortito. Y sÃ, tienes toda la razón, a la hora de interpretar cada cual suele aportar una visión distinta aunque a la vez y en el fondo no diste demasiado de la del compañero: todo depende de la palabra, frase o diálogo en que uno centre su explicación. Ya ves, en este he podido distinguir dos intenciones y en ambas no dejaba de estar presente la muerte. Y es que casi nadie suele dar mayor importancia a los nombres de los personajes, pero al igual que sucede con las personas en la narrativa hay ocasiones que estos suelen decir mucho del personaje. Yo, por ejemplo, soy incapaz de comenzar a contar la historia si antes no he “bautizad” a todos los personajes. Para mà una niña llamada Marijose o Sari no puede mostrar el mismo carácter que la que lleva por nombre Alejandra.
Fátima, me alegra que te haya gustado la explicadión poco menos que metafÃsica con que mostré mi manera de entender el texto. Es la primera vez que leo algo de la autora y por lo que he encontrado de ella en interner debe ser más prolÃfica en poesÃa. No dejes de poner algún otro.
Ana, te dejo el enlace al blog de Maribel http://ocurrienfebrero.blogspot.com/ estoy segura que te va a gustar ; ) allà podrás leer sus textos, últimamente estamos de racha porque como ha ganado bastantes y ha quedado finalista en otros tantos nos deleÃta con ellos con cierta asiduidad.
Yo también le doy mucha importancia a los nombres de los personajes y acostumbro a bautizarlos antes de ponerme a escribir.
A. Pizarnik es todo un sÃmbolo en la poesÃa, te recomiendo leer algunos de sus poemas- en internet hay bastantes- y si te gusta jajajajaj el libro de la Editorial Lumen (que yo aún no lo he comprado…pero que tengo intención de hacerlo a la de ya).
Buscaré algún texto , palabra.
Un abrazo
Fátima, gracias por tus amables palabras.
Ana, estaré encantada con tu visita. Por cierto, centrándonos en el tema de los personajes, y siguiendo las normas académicas para escribir (aunque luego cada uno hacemos lo que nos da la gana), antes de comenzar la historia no sólo debemos tener claro el nombre del personaje sino toda su biografÃa: dónde nació, cuándo, a que edad se le cayó el primer diente, si fue operado de apendicitis, por qué tiene una cicatriz en la rodilla… Debemos crear un personaje que no deje de hablarnos, que nos facilite información en cada momento del relato o de la novela, un personaje más vivo que el más vivo de los personajes que conozcamos. Esto es pura teorÃa, como digo cada escritor tiene su norma y es absolutamente válida.
Cierto Maribel, aunque he de reconocer que en los cuentos infantiles tan solo tengo el nombre del personaje y el esquema de la historia que voy a desarrollar.
En la novela, sin embargo, ya necesito tener todo mucho más atado…
Maribel, perdona, ¿a qué normas académicas te refieres? ¿O a las de quién, concretamente? No lo digo con mala intención, sólo que ahora me entero que existen unas normas.
En cuanto a lo del nombre, bueno, eso depende mucho de la clase de texto y de quien escribe. En una novela o bautizas o bautizas, porque si no ya me dirás cómo se las va a arreglar el lector caso de haber múltiples personajes. En los demás, al gusto del escritor porque hay más de una manera de señalar a los personajes.
En cualquier momento paso a visitarte. Ayer pulsé el ratón que me llevó hasta tÃ, pero sólo eso, no disponÃa de más tiempo; ni siquiera leà una frase, vi que el color predominante es el negro y poco más. Pasaré, lo prometo.
norma. (Del lat. norma, escuadra).
1. f. Regla que se debe seguir o a que se deben ajustar las conductas, tareas, actividades, etc.
2. f. Ling. Conjunto de criterios lingüÃsticos que regulan el uso considerado correcto.
3. f. Ling. Variante lingüÃstica que se considera preferible por ser más culta.
Si nos atenemos a algunas de las acepciones del término “norma” de la RAE, quizás empleé “normas académicas” en un sentido figurado, más bien podrÃamos llamarlos consejos, aunque no distan mucho de las normas.
Lo que querÃa decir es que en los talleres literarios, cursos de escritura creativa, de novela, etc., recibes una serie de instrucciones, una enseñanza que podrÃamos denominar básica y que proviene de gente preparada que normalmente pertenece al ámbito literario y viven de la literatura. Pues bien, esa enseñanza, consejos, o normas son a los que me referÃa, y uno de ellos es precisamente el tema del dichoso personaje, y la norma (o consejo del experto) es que antes de comenzar a escribir debemos confeccionar fichas de los personajes, cada ficha contendrá desde su nombre hasta sus aficiones, pasando por las enfermedades que ha padecido o qué comida le gusta. Después, las fichas, son una herramienta más al servicio del escritor y de su obra. No sé si me explico.
Es decir, norma: elaborar fichas de los personajes que participarán en nuestro texto; realidad: que cada uno lo hace como quiere.
Te has explicado muy bien. Fue el témino que empleaste lo que me creó dudas, pero ahora sabiendo que te referÃas a las fichas todo queda más que aclarado. Yo jamás he usado ese sistema, ni el del esquema caso de ser una obra cuya trama precisa ser desallorada en gran cantidad de folios. Lo cierto es que, y aunque no tengo memoria para los nombres del mundo real, mi mente nunca me ha defraudado. Mi sistema, muy sencillo:
– Surge la idea. Una tonterÃa de nada es capaz de activar el resorte que pone en marcha mi imaginación. Uno de los cuentos que tengo empezados nació a raÃz de ver una fotografÃa que hice a un desvencijado muñeco.
– Dicha idea comienza a revolotear y a sustraerme de la realidad a cada nada, de modo y manera que comienzo perfilar cada detalle, nombre con apellidos y los porqués de cada acción o suceso, lo cual, a su vez, hace que surjan más personajes y los lógicos escenarios.
– Pocos dÃas más para tachar y reescribir en la mente con el sólo objeto de afianzar la verosimilitud.
– Cuando ya todo se muestra tal que una pelÃcula donde cada encuadre, actitud, gesto, diálogo… tiene razón de ser, y sólo entonces, me pongo a escribir. Escribir es lo que más tiempo me lleva. Será por eso de que es prácticamente imposible escribir y hacer las tareas de la casa al mismo tiempo.
Asà pues, Maribel, nada de fichas, nada de esquemas, ni pequeñas anotaciones ni papelajos por acá y por allá; nada salvo una pelÃcula impresa en la memoria.
Estupendo método, Ana. Yo tampoco utilizo las fichas, ni esquemas, ni siquiera libretita para ir anotando ideas, como usan muchos escritores, mi herramienta principal también es la cabeza, ahà surgen las historias, como tú dices de cualquier cosa: una foto, un grito, una puerta que se cierra, una sala de espera de una consulta médica… Después las historias crecen, y crecen tanto que necesitan más espacio, no se pueden quedar en la cabeza, entonces salen y se acomodan en los papeles y van desplegando todo su poderÃo, y se convierten en cuentos, relatos, novelas… Ya ves, bastante parecido a tu sistema, por no decir el mismo.
Pufff, pues en mi caso si no anoto las ideas las pierdo por el camino : S ¡Menudo memorión que tenéis las dos!
No creas, Fátima, que yo también tendré que acabar haciéndolo, pero de momento la memoria me funciona.