Georgie, como es llamado en casa, tenía apenas seis años cuando dijo a su padre que quería ser escritor. A los siete años escribe en inglés un resumen de la mitología griega; a los ocho, La visera fatal, inspirado en un episodio del Quijote; a los nueve traduce del inglés “El príncipe feliz” de Oscar Wilde.

Escribe algunos poemas en francés mientras estudia el bachillerato (1914-1918). Su primera publicación registrada es una reseña de tres libros españoles escrita en francés para ser publicada en un periódico ginebrino. Pronto empezará a publicar poemas y manifiestos en la prensa literaria de España, donde reside desde 1919 hasta 1921, año en que los Borges regresan a Buenos Aires. El joven poeta redescubre su ciudad natal, sobre todo los suburbios del Sur, poblados de compadritos. Empieza a escribir poemas sobre este descubrimiento(1), publicando su primer libro de poemas, Fervor de Buenos Aires (1923). Instalado definitivamente en su ciudad natal a partir de 1924, publicará algunas revistas literarias y con dos libros más, Luna de enfrente e Inquisiciones, establecerá ya en 1925 su reputación de jefe de la más joven vanguardia.
En los treinta años siguientes, Georgie se transforma en Borges; es decir: en uno de los más brillantes y más polémicos escritores de América.

Alguien

Un hombre trabajado por el tiempo,
un hombre que ni siquiera espera la muerte
(las pruebas de la muerte son estadísticas
y nadie hay que no corra el albur
de ser el primer inmortal),
un hombre que ha aprendido a agradecer
las modestas limosnas de los días:
el sueño, la rutina, el sabor del agua,
una no sospechada etimología,
un verso latino o sajón,
la memoria de una mujer que lo ha abandonado
hace ya tantos años
que hoy puede recordarla sin amargura,
un hombre que no ignora que el presente
ya es el porvenir y el olvido,
un hombre que ha sido desleal
y con el que fueron desleales,
puede sentir de pronto, al cruzar la calle,
una misteriosa felicidad
que no viene del lado de la esperanza
sino de una antigua inocencia,
de su propia raíz o de un dios disperso.

Sabe que no debe mirarla de cerca,
porque hay razones más terribles que tigres
que le demostrarán su obligación
de ser un desdichado,
pero humildemente recibe
esa felicidad, esa ráfaga.

Quizá en la muerte para siempre seremos,
cuando el polvo sea polvo,
esa indescifrable raíz,
de la cual para siempre crecerá,
ecuánime o atroz,
nuestro solitario cielo o infierno.

Compartelo:
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google
Etiquetas: ,

Entradas relacionadas

5 Respuestas a “Alguien Jorge Luis Borges”
  1. Me parece muy interesante tu estudio de varios post sobre Jorge Luis Borges. Estás recuperando uno de los más grandes de los grandes. Un abrazo, Francisco

  2. Un poema precioso. Yo amo la faceta poética de Borges. No sé si conoce el Poema de los dones, y el Otro poema de los dones. Me encantaría que los leyeras. Un abrazo

  3. Fatima (429 comments) dice:

    Hola Francisco, desde luego es un poeta muy grande y con una voz poética muy personal. Gracias por tus palabras.

    Hola Lauren, conozco un poema de los dones - ya que lo mencionas voy aprovechar y hacer una entrada con él- el otro que mencionas, no lo conocía pero al buscarlo en internet he dado con él - lo añadiré a esa entrada.
    Como le decía a Francisco, es un poeta grande, pero no me resulta sencillo; sus versos son de lectura lenta para poder digerirlos correctamente. Hace unos días descubrí un poema de Neruda que me pareció fantástico” Al pie desde su niño”, uno de los poemas más bellos de cuantos he leído.

    Un fuerte abrazo para los dos

  4. Mayie (31 comments) dice:

    Un bello poema Fátima.. Borges sin duda, grande entre los grandes..saludos

  5. Fatima (429 comments) dice:

    Me alegro que te guste Mayie.

    Un abrazo

Deja una Respuesta