Fatima

Nací en un pueblo donde los sonoros silencios del mar fueron mi cotidiana canción de cuna. Un viejo calamar me enseñó a leer y, con su tinta, a escribir. Me enseñó muchas cosas, entre ellas, que la hache sabe mucho del silencio, que la coma sirve para ir más despacio, el paréntesis para tomarse un descanso y el punto final para las despedidas. Con el tiempo, me aficioné a jugar con las palabras y las imágenes. Descubrí que la fantasía es un instrumento para conocer la realidad y que a través de la imaginación podemos jugar a: sentirnos un pirata, un superhéroe, un caballo o un mago, incluso podemos volar como los pájaros o sumergirnos como los peces. Escribir me da la posibilidad de sentirme creadora del universo, aunque éste se limite al que contiene a los personajes… también me da la posibilidad de soñar lo que quizás nunca se hará realidad , haciendo partícipes de mis sueños a quienes comparten conmigo lo escrito.
Ay Fátima, que niño tan rico, casi me lo podrías mandar porque llevo unos días peleándome con los libros. Cada vez tengo más y no se donde ponerlos…
En Julio y Agosto haré un descanso del blog. Te deseo un verano lleno de pequeñas cosas que te hagan feliz. Espero que nos volvamos a encontrar en Septiembre si Dios quiere.
Muchos besos.
M. Roser
Hola M. Roser,
Conozco gente que tiene más de 2000 libros en su casa -eso es una locura-. Yo compro los inispensables, el resto me los dejan, biblioteca… Por lo que comentas en parte -llega un momento que no hay sitio donde colocarlos-, y por otra parte hay libros que no me han gustado (¿para qué guardarlos?).
Te deseo un feliz verano y que cuando regreses sea con energía renovadas. Cuidate.
Besos