Fatima

Nací en un pueblo donde los sonoros silencios del mar fueron mi cotidiana canción de cuna. Un viejo calamar me enseñó a leer y, con su tinta, a escribir. Me enseñó muchas cosas, entre ellas, que la hache sabe mucho del silencio, que la coma sirve para ir más despacio, el paréntesis para tomarse un descanso y el punto final para las despedidas. Con el tiempo, me aficioné a jugar con las palabras y las imágenes. Descubrí que la fantasía es un instrumento para conocer la realidad y que a través de la imaginación podemos jugar a: sentirnos un pirata, un superhéroe, un caballo o un mago, incluso podemos volar como los pájaros o sumergirnos como los peces. Escribir me da la posibilidad de sentirme creadora del universo, aunque éste se limite al que contiene a los personajes… también me da la posibilidad de soñar lo que quizás nunca se hará realidad , haciendo partícipes de mis sueños a quienes comparten conmigo lo escrito.
Huy, qué pena que me coja tan lejos. Ya me gustaría llevar a mi niño, ya, y escucharlo yo también, por supuesto. Suerte con ese cuentacuentos.
Un abrazo.
A mí lo que me da pena es que estés tan lejos tú
… ¡Quién sabe! lo mismo hay alguna ocasión en que estemos más cerca… la vida es impredecible. Ya os contaré.
Otro abrazo para ti