La Nueva España (Tendencias educativas y bilingüismo)
Escrito por: Fatima en Artículos, tags: ArtículosEn las últimas décadas se han propiciado desde las distintas comunidades gran cantidad de reformas educativas, que deberían llevarnos a una mejora en la calidad de la enseñanza. Nada más lejos de la realidad, puesto que todos los controles llevados a cabo, por organismos competentes, para analizar el desenvolvimiento académico de los alumnos en las respectivas materias, no nos dejan en una situación como para lanzar las campanas al vuelo, mas bien todo lo contrario es lo que se desprende de los últimos informes relativos al nivel de enseñanza en nuestro país.
Una buena reforma educativa debe estar basada primordialmente en el esfuerzo personal del alumno y en unos mínimos conocimientos de las materias recibidas, para poder pasar de curso, cosa que en la actualidad no ocurre en nuestro sistema educativo.
En un mundo globalizado el dominio de los idiomas, especialmente el del inglés, son una herramienta que posibilita la ampliación de conocimientos y la comunicación a nivel cultural y técnico con países que en la actualidad están a la cabeza del desarrollo tecnológico en el mundo.
Cada vez son más los centros de enseñanza, tanto privados como públicos o concertados, que en todas las comunidades se suman a los Planes de Centros Educativos Bilingües. Este plan consiste en implantar la enseñanza bilingüe de manera progresiva, para que finalmente un tercio de las horas lectivas- un mínimo de ocho- se impartan en inglés. Y las únicas asignaturas que habrán de enseñarse obligatoriamente en castellano serán las Matemáticas y la Lengua Española.
Sin embargo, esta política educativa que pretende implantar esta lengua universal, con el fin de ofrecer más posibilidades laborales a los alumnos ante el futuro, olvida o carece de un diagnostico objetivo de la realidad del sistema educativo en España.
Hay que admitir que es un sinsentido reforzar la enseñanza del inglés por la vía de impartir cualquier otra asignatura en inglés, que no sea la de “lengua inglesa” como tal, cuando un gran número de los alumnos/as no desarrollan a lo largo de su vida escolar el conocimiento adecuado de la lengua castellana y en especial en su manifestación escrita: carencias de vocabulario, faltas de ortografía, dificultades de comprensión, etc, etc….
¿Acaso implantando el bilingüismo se solucionará el devastador fracaso escolar que sufre nuestro país?, o por el contrario ¿seguirá aumentando como viene siendo ya habitual en la realidad educativa?
Esta “modernización educativa” pudiera ser una iniciativa muy útil para aprender y perfeccionar el dominio de la lengua inglesa si todos los alumnos estuvieran capacitados para ello. Pero este cambio educativo, sin lugar a dudas, delimitará y condicionará los conocimientos de los alumnos en las materias que se impartan en inglés por falta de comprensión de la gran mayoría de los alumnos/as. El paradigma de esta reforma es la formación de los docentes, quienes tendrán que impartir su asignatura en un idioma que inicialmente desconocen, con un sacrificio personal/laboral añadido cuyo objetivo educativo es dudoso de cumplir (conseguir que los alumnos puedan desenvolverse con normalidad utilizando la lengua inglesa como segundo idioma y que logren desarrollar a lo largo de su vida escolar el conocimiento y uso adecuado tanto de la lengua castellana como de la inglesa en sus manifestaciones oral y escrita).
Es utópico pensar que los profesores, de la noche a la mañana, o en un tiempo relativamente corto, estarán capacitados para adquirir los conocimientos de un segundo idioma que les capacite para poder transmitir a sus alumnos todos los conocimientos, que en el caso de dar la asignatura en el idioma español les hubiesen transmitido.
Por lo tanto, bajo mi punto de vista, estamos ante una nueva tendencia educativa abocada al fracaso, en la que un porcentaje muy alto de los conocimientos se quedará en el camino, en parte por la dificultad del profesor para impartir una asignatura en una lengua que no es la suya y en parte por la incapacidad del alumno para comprender totalmente lo que se le explica.
Cualquier reforma educativa debe arrancar con una base sólida, ( profundo estudio, amplio consenso entre los partidos políticos, participación de asociaciones de docentes, etc.), porque de lo contrario está abocada al fracaso a corto, medio o largo plazo, y a mi juicio ésta lo está.
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Entiendo tu punto de vista, mas no estoy totalmente de acuerdo. En México, la enseñanza del inglés ha sido una práctica corriente desde hace algunos años, especialmente en los colegios privados y de esa opción han salido buenos resultados. Claro, las condiciones, las vertientes educativas e incluso la actitud de padres y maestros hacia este fenómenos son distintas en cada caso, pero apelo a un principio: toda práctica, siendo nueva, generará suspicacias. Dejemos que el tiempo deje ver las carencias de una política educativa que, sin duda, tendrá que perfeccionarse con el tiempo.
Un saludo desde México.
Hola Porfirio, a mí me parece muy bien que se enseñe inglés, el problema que veo es, por ejemplo, en la asignatura que yo imparto son dos:
1) que si en español les cuesta entender muchos conceptos -y estoy hablando de plástica y visual- si se impartieran en inglés, me temo que habría que sacrificar muchas partes de la programación (si se impartiera la asignatura como hay que impartirla) porque bien sabemos todos que para “mandar dibujar” no hace falta saber mucho inglés.
2) reciclar un sistema educativo no es fácil, el sacrificio personal que supone al docente “ponerse al día” en un idioma es tremendo.(6 años en la Escuela oficial de idiomas).
Vería más lógico que aumentaran las horas en la asignatura de inglés que impartir otras en este idioma.
No sé como será en México, pero aquí en España el fracaso escolar está al orden del día (con mil facilidades que se les da para pasar de curso, aprobar…). No creo que esta iniciativa pueda favorecer a mejorar la calidad en la educación, ¡ojo! en la teoría sí, pero en la práctica opino que no. Dices que demos tiempo para ver las carencias de una política educativa… y sí, sería lo lógico si no fuera porque cada reforma educativa que hacen aquí en España empeoran la situación y en vez de resolver las carencias producidas, instalan otra nueva reforma que aún las empeora más.
Pero bueno, ya nos dirá el tiempo quien tiene la razón -habrá que tener paciencia, mucha paciencia, infinita paciencia…jejeje
Un saludo
Pd: se notó tu ausencia ; )
Gracias, Fátima.
Claro, hay retos que primero hay que superar para emprender nuevas reformas educativas. Entiendo también la desazón que causa ver que hay temas más urgentes por solucionar en la enseñanza básica que no reciben atención alguna. En México eso sucede; nuestros profesores, en general, no reciben una formación sólida ni siquiera en ortografía española (sí, maestros de mis hijos, maestros de infancia míos, aceptémoslo), eso sin acentuar la atención en las propias técnicas didácticas.
Y para colmo: la educación artística está tan diluída que los domingos, en misa, la sola entonación del Pater Noster nos muestra cuán abandonada está la clase. Sucede que en México atravesamos una dura pendiente educativa que, de subida, parece infranqueable. Aún así, con lo mal que salen nuestros hijos de la escuela, tengo optimismo. ¿Triunfará el talento natural por encima de la mala traducción, como nos dices? Sí, infinita paciencia, Fátima. Ay, hay tanto por hacer…
El gran problema de España es que ningún gobierno se ha preocupado de poner sobre la balanza los pros y los contras de la democracia en el sector educativo desde que entra entró en la vida de este pais. Antes teníamos una dictadura que, socialmente, se mantuvo en el obstracismo ante la modernidad, pero que en lo educativo obró, por lo que yo he vivido, de mejor manera que la democracia; esto es, los maestros -hoy, profesores- tenían la obligación de enseñar y los alumnos la de aprender, sin remilgos y sin contemplaciones. A la edad de 14 años un niño se había hartado de hacer copias y dictados, sabía de cordilleras, ríos y mares, conocía el lenguaje específico de las matemáticas y lo aplicaba en problemas donde la utilización de la lógica era requisito imprescindible -las cuatro reglas, raíz cuadrada, resolución de sistemas, álgebra, trigonometría…-; en fin, que el conocimiento de la lengua -sólo castellano, porque el catalán y valenciano y gallego y demás lenguas regionales se aprendían y hablaban dentro del hogar-, el de la historia y geografía y el de las matemáticas eran el principal objetivo, sin olvidar, claro está, esas otras asignaturas en las que todos aprendíamos las “leyes fundamentales del estado español”, los cánones de urbanidad y la religión. Y luego, quién podía y quería seguir estudiando, en el instituto hallaba asignaturas tales como biología, latín, griego… y francés o inglés; aunque por aquel entonces lo habitual era elegir francés, por eso de la proximidad geográfica y porque aparentemente su gramática era menos enrevesa -sólo dos o tres de cada clase elegían inglés-. Una cosa había clara, que el que no sabía no aprobaba y el que no aprobaba no obtenía el certificado de estudios. Pero llegó la democracia y con ella gobernantes nuevos cada cuatro años, y cada cuatro años revisión del plan educativo. Lo que antes valía dejó de valer. Había libertad y la libertad no admite sumisa obediencia; así el maestro, poco a poco y la vista de muchos padres e hijos, fue perdiendo dignidad, utoridad y credibilidad -muchos pondrían su mano en el fuego afirmando que en más de una ocasión los padres de un alumno le tacharon de poco “docto” o imparcial-. ¿Para qué molestarse entonces si, a fin de cuentas, él sólo tiene que soportar a los indómitos alumnos durante un año? ¡Allá el padre con el hijo! Pero, bueno, eso pertenece a la educación dentro de la familia y ahí, ahora, no voy a meterme. Nuevos gobiernos y nuevos sistemas educativos, en eso estábamos. Pues bien, ¿a qué nos ha conducido la democracia en lo educativo? A nada bueno, sin duda. Cierto es que España tiene estudiantes y profesionales muy cualificados, pero igual de cierto es que son los que menos si los comparamos con los que profesan el absentismo escolar, el analfabetismo cultural, la chulería del sabelotodo que no sabe nada de cierto, la ruindad del trepa. De va unos años a esta parte, cada vez es mayor el porcentaje de absentismo y el número de alumnos que no consigue aprobar a final de curso. Para contrarrestar esta nueva casta de analfabetismo se idearon las clases de apoyo y el repetir curso no curso sí, consiguiendo así retrasar en extremo a aquellos otros que sí empleaban todo su esfuerzo en aprender. Pero no sólo la vagancia y el libertinaje de un ciertos alumnos -muchas veces fomentada por los mismos padres- tienen toda la culpa, pues una parte de ella corresponde la implantación de novedosas asignaturas que las más de las veces no sirven para gran cosa con vistas a una profesión futura pero que sí restan tiempo y dedicación a las que sí habrán de ser los pilares de esa persona una vez se haya convertido en adulta; más si llega a cursar estudios superiores: es lamentable que alumnos y licenciados universitarios no sepan escribir con un mínimo de corrección, no ya que ignoren las reglas de la escritura sino que ni siquiera se hayan abezado a no cometerlas mediante la práctica del dictado o el sistema de copia durante la infancia y adolescencia. Por otra parte, apostaría que una gran mayoría aperan si han visto un diccionario entre sus manos un par de veces, por lo que la cortedad de vocabulario es fácil de sospechar. Y qué decir de las matemáticas que saben hoy día los estudiantes. No gran cosa la verdad. Es más, me atrevo a decir que en esa materia están peor que en la de lengua castellana; aunque qué se podemos pedir cuando ya al inicio de la ESO se les exige una calculadora multifuncional en la lista de materiales a utilizar. ¿Para qué, entonces, los, aproximadamente, 2000 centímetros cuadrados de masa cerebral? No necesita pilas y cuanto más se usa más se amplía la cifra neuronal. Y luego habrá quien se ría de “las cuentas de la vieja”. La Historia y la Geografía interesan poco y lo poco que les interesa que sepan está ceñido a compeler las particulares acepciones de la palabra autonomía. Tiempo ha, y a modo de blanco pique, por aquí se decía que Asturias era España y lo demás tierra conquistada, y en oposición el resto cantaba “Asturias patria querida” cuando pillaban la gran borrachera; sin embargo ahora ya no es cuestión de tonto pique sino de dignidad, de absurdos pero prepotentes nacionalismos. Y ya para terminar hablemos del inglés y la enseñanza bilingüe. Pues bien, a mi entender, no servirá más que para añadir más suspensos, absentismo, depresiones, bulimia, anorexis, aquitismo mental… Eso al alumnado, y al profesorado intolerancia tanto al ideario como al temario, adipción a las bajas, pasotismo y vejez prematura, y a los políticos un sarpullido de ineptitud y mediocridad. Lo único positivo que los psicólogos tendrán más clientela y que ese capítulo en inglés que viene en el librito de instrucciones de las calcuradoras podrá, al menos, disponer de un intento de lectura y comprensión.
Por lo demás, se me ocurren algunas preguntas en las que quizá pocos hayan caído: Si hay bilingüismo en los centro escolares, ¿desaparecerán las Escuelas Oficiales de Idiomas? ¿Los profesores seguirán siendo españoles o se incorporarán nativos? ¿También en los módulos habrá bilingüismo? Caso de ser así, ¿el que un fontanero o un pintor sepan inglés evitará que te hagan una champuza en casa?…
En fin, que considero que aún no estamos preparados para tamaña osadía porque antes deberían dejar que arraigara la idea la total creencia de que el bilingüismo es útil y necesario, cosa que ya se empieza a percibir. De cualquier modo, de nada sirve ser bilingüe si en nuestro ánimo no está buscar las habichuelas lejos del lugar donde nacimos y crecímos, de papá y mamá, pues bien cierto es que hoy por hoy no son muchos los que ponen sus miras más allá del pueblín, lo mismo da que éste se llame Avilés,San Juan del Robledal, Madrid o Barcelona.
Hola Porfirio, la situación en España es la siguiente. Las facultades han bajado su nivel de exigencia (mucho) porque necesitan sobrevivir, los alumnos superan la selectividad con mucha facilidad (no se les exige mucho), en el instituto ( muchos no saben ni escribir con claridad, sin faltas de ortografía, ni expresarse, ni entender lo que leen y podría decirte que algunos carecen de hábitos de estudio)….no sé que fue antes si el huevo o la gallina, pero la situación es penosa y para mí que ahora se quiera ir de “modernos y europeos” pretendiendo que se impartan algunas asignaturas en inglés es cerrar los ojos ante una realidad evidente…
No sé si triunfará el talento natural…lo que sí pienso es que en el camino se quedarán muchos talentos por descubrir.
Un fuerte abrazo
Hola Ana, el tema es complicado, por una parte la globalización hace más patente la necesidad de dominar varios idiomas por otra la realidad en España es que no se domina ni el castellano. Ya veremos que nos deparan estos cambios… en fin, veo que esta vez compartimos opinión.
Un fuerte abrazo
Considero que las nuevas tendencias internacionales llevan a hacer una conciensuda toma de conciencia frente al futuro de nuestro país con respecto al aprendizaje de los docentes de aprender idiomas. y ello se vera solucionado cuando desde que inician sus carreras universitarias debería ser obligatoria aprender 2 o mas idiomas y ellos debe condicionar la titulacion, en tanto no se corrija este tema, no garantiza ninguna enseñanzxa bilingue a nuestros hijos.
Manuela, totalmente de acuerdo contigo.
Un saludo